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By eumedia
Agro Negocios
OPINIÓN

¿Por qué los recortes en la PAC y en la política de cohesión son una nefasta decisión?

Entre hoy y mañana se desarrolla el primer Consejo de la UE que tratará un dossier que siempre da dolor de cabeza en la UE, y muy especialmente en los tiempos que corren, la decisión del Marco Financiero Plurianual UE 2014-2020. En definitiva se trata de identificar el grado y la inversión que los Estados miembros están dispuestos a hacer por el Proyecto Europeo.

Como siempre, las discusiones sobre el presupuesto suelen convertirse en una negociación entre estados donde el interés comunitario suele estar en un segundo plano, bien porque algunos sencillamente no quieren más Europea, como es el caso ya clásico del Reino Unido, o porque la prioridad de estar en Europa se mide en función del dinero que nos llega del reparto, lo que se conoce como el justo retorno.

La respuesta a despejar no es qué política queremos, existen muchas declaraciones de intenciones y una estrategia UE 2020 aprobada por los mismos que se sientan hoy a la mesa a decidir sobre el presupuesto, sino en cuánto se va a reducir el presupuesto comunitario. De hecho, el punto de partida en la negociación es que el presupuesto de la UE para el período 2014-2020, si se compara el actual MFP con la propuesta del Presidente del Consejo Van Rompuy, tanto en términos absolutos (975 frente a los 907 miles de Millones/€) como en términos relativos (1.08% frene al 0.99% de la Renta Nacional Bruta de la UE) hay una considerable reducción. Pero la cuestión es más peliaguda si vemos que es en la Cohesión y la PAC  donde más recortes se producen, 18% y 16% respectivamente.

Que el recorte sea en estas dos políticas supone un claro ataque  a la fortaleza y capacidad de acción de las instituciones comunitarias, puesto que son aquellas que representan la integración de las decisiones a nivel comunitario, y la firme convicción de que la creación de un verdadero mercado único pasa por una convergencia y desarrollo de aquellos Estados más débiles para que todos podamos aprovechar y beneficiarnos de la integración, lo que conocemos como principio de solidaridad. La Comisión debe ejercer una importante presión sobre los Estados, no es posible que se llenen los documentos del Consejo de grandes principios comunitarios y objetivos a conseguir, pero a la hora de la verdad no se apueste por una mayor integración de las políticas y de su gestión, carencia que se ha puesto de manifiesto en el sector financiero y donde se ha demostrado que la salida a su crisis, que es la nuestra, pasa por una integración total de sus políticas. O hay integración o el proyecto europeo está destinado a convertirse en una simple unión aduanera, objetivo de algunos Estados miembros cuya posición frente a la UE y la realidad internacional resulta cada día más anacrónica e insostenible, como dicen los propios ingleses no es posible to have one's cake and eat it,  lo que por estos lares se conoce como no se puede nadar y guardar la ropa o estar en misa y repicando.

La Comisión ha pecado en los últimos años de ser demasiado condescendiente con las actitudes de muchos Estados olvidando que es esa institución la que debe guardar y velar por los principios e intereses comunitarios por encima de los nacionales, y esto implica no sólo la buena gestión de los recursos, sino también que la estrategia política creíble y a largo plazo se aplique y dejem de ser meras declaraciones de intenciones. Ahora es el momento de que la Comisión alce la voz y, si es necesario, decir claramente que el proyecto europeo no puede seguir desarrollándose bajo unos parámetros donde la principal amenaza viene de aquellos que están llamados a construir Europa. 

La cuestión central no es tanto la PAC, la cohesión y sus recortes, sino qué tipo de UE queremos, si más integrada o volvemos a la idea de aquellos países que en los años 50 renunciaron al proyecto europeo porque solamente creían en el libre comercio, idea que fracasó y abandonaron para integrarse posteriormente en la propia UE; es la eterna lucha entre los euroescépticos y los europeístas.

Se habla de valor añadido del presupuesto y gastar de manera eficiente, de hacer más con menos, pero no dicen que lo que proponen es hacer más con menos y cada uno por su lado. No hará falta esperar mucho para ver que si no reina la cordura y el espíritu constructivo a Europa le va a ir mal, pero mucho peor a sus Estados miembros.