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By eumedia
Agro Negocios
OPINIÓN

It is the income, stupid!

Como nos recuerda Wikipedia, “Poco antes de las elecciones de 1992, Bush era considerado imbatible por la mayoría de los analistas políticos, fundamentalmente debido a sus éxitos en política exterior, como el fin de la Guerra Fría y la Guerra del Golfo Pérsico. Su popularidad entonces había llegado al 9 % de aceptación, un récord histórico.1​ En esas circunstancias, James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton, señaló que éste debía enfocarse sobre cuestiones más relacionadas con la vida cotidiana de los ciudadanos y sus necesidades más inmediatas. Con el fin de mantener la campaña enfocada en un mensaje, Carville pegó un cartel en las oficinas centrales con tres puntos escritos, entre los que destacaba “la economía, estúpido”.

Aunque el cartel era solo un recordatorio interno, la frase se convirtió en una especie de eslogan no oficial de la campaña de Clinton, que resultó decisivo para modificar la relación de fuerzas y derrotar a Bush, algo impensable poco antes.[1]

He de confesar mi desasosiego con la manera en que se están desarrollando las discusiones sobre la próxima PAC en España y Europa. Lo prácticamente único que parece importar es, una vez más, las ayudas directas y su modo de distribución.

A pesar de que el 70% de la renta agraria proviene hoy del mercado, a pesar de las  buenas palabras introductorias e intenciones, parece ser que lo único que interesa a la hora de la verdad es discutir de lo “único”: las ayudas directas y los planes estratégicos.

No niego su importancia. Tampoco minusvaloro la magnitud del cambio que representarían los planes estratégicos propuestos por la Comisión, y a los que hemos dedicado un artículo recientemente. Pero nos enfrentamos a un nudo gordiano trenzado entre la cuerda del problema de la insuficiente rentabilidad de la actividad agraria con la soga del recorte presupuestario.

Como han afirmado con razón muchos representantes de los agricultores, no se puede pedir a los agricultores más compromisos medioambientales a cambio de menos ayuda sin proponer mecanismos de mejora de la renta. La propuesta de directiva europea sobre las prácticas comerciales desleales es un paso positivo e importante en la buena dirección, pero la mejora en el equilibrio en el seno de la cadena alimentaria pasa también, diría sobre todo, por mover el cursor europeo entre política agraria común y política europea de competencia.

Sobre todo porque nos encontramos con una coyuntura económica difícil, con el fin de los vientos de cola que animaban la economía española y de nuestros principales clientes, con la espada de Damocles del Brexit, con varias economías latinoamericanas en crisis,  con la incertidumbre económica y comercial inherente a la trayectoria errática de Trump, con la crisis devaluatoria turca, con la vuelta a la coyuntura normal de los precios del petróleo.

Vienen tiempos revueltos y, en estas circunstancias, la ruptura se hace siempre por su elemento más débil, otra vez el agricultor. Como el reciente informe de Catherine Del Cont y de Antonio Iannarelli[2] confirma, se puede hacer mucho.

Concretamente, estoy hablando del reglamento sobre la organización común de mercados y el papel de las organizaciones de productores, sus asociaciones y las interprofesiones. Ya tuve la ocasión en estas mismas páginas de presentar un resumen del informe que presente al respecto ante la Comisión de Agricultura del Parlamento Europeo con 28 propuestas.

Volví de la reunión algo decepcionado. Noté muchas ausencias entre los diputados, entre ellas todos los encargados de preparar los informes de la COMAGRI sobre las propuestas de reglamentos y de muchos pesos pesados de la Comisión de Agricultura. En honor a la verdad, hay que reconocer que Clara Aguilera estuvo no solo físicamente sino activamente presente. Mi desasosiego aumentó aún mucho más a la vuelta cuando leí los comentarios de la prensa especializada sobre la sesión.

Tenemos una constelación favorable para dar grandes pasos adelante en la organización de la producción y de la cadena alimentaria. Por primera vez en 20 años, los ayatolás de la Competencia están a la defensiva, como lo demuestra el éxito del Reglamento ómnibus y la reciente sentencia de la Corte de Justicia Europa sobre el caso “endivias”.

Desde el año 1990, cuando conseguimos que la Comisión aprobara su Comunicación sobre las interprofesiones, estábamos a la defensiva. Me tocó vivir desde dentro toda la época de vacas flacas, pero observo ahora desde fuera que los tiempos están cambiando.

Es ahora o dentro de otros 20 años… lo que en mi caso significa nunca. ¡Hasta en los Países Bajos, tradicionalmente opuestos a un marco europeo para las interprofesiones, están implantándolas!

 




[2] Del Cont, C.et Iannarelli, A. (2018) : Nouvelles règles de concurrence pour la chaîne agro-alimentaire dans la PAC post 2020. Parlement Européen.

 

 

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